lunes, 11 de abril de 2016

La casa de la ladera...

Era un viaje de placer convencional, con los tres miembros de mi familia...a la ida de una ruta con algo más de 4 kilómetros a nuestra espalda y un sin fin de escalones, buscando algún lugar donde nos ofrecieran algo de comer a la intemperie por ir en compañía de nuestra hija de cuatro patas.

Allí estaba ella, con sus vallas indicando peligro y su ventana proponiendo ignorarlo...

Mis ganas fueron más fuertes que la cordura y con la tranquilidad de tenerle a él esperando fuera y la precaución de asegurar cada paso que das en el interior de un lugar que amenaza derrumbe, me sacudí el síndrome de abstinencia y recorrí sus dos plantas vírgenes de graffitis y con el único declive del paso del tiempo sin ser acelerado por la mano del hombre. 

Qué placer volver a las andadas!!!